ASOCIACIÓN ESPAÑOLA DE PSICOLOGÍA ADLERIANA-Enlace a facebook

domingo, 24 de marzo de 2013

LOGOTERAPIA Y PSICOLOGIA ADLERIANA (R. MAURIAL)




A. LOGOTERAPIA Y PSICOLOGIA ADLERIANA (Artículo de Rafael Maurial, 2006)
Por Iván Maurial*
*Psicólogo. Profesor en la Facultad de Psicología y Humanidades de la Universidad Femenina del Sagrado Corazón (Unifé) y Miembro fundador del Instituto Viktor Frankl de psicología y filosofía de la conducta (IVF). Lima - Perú
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1. VISION INTRODUCTORIA:

Hablar de Logoterapia y de Psicología Individual es introducirnos en uno de los más importantes discursos de la psicología moderna. Nos referimos al tema del sentido de la vida. En la construcción de este discurso se fue dibujando una imagen del hombre en donde ya es visible el espacio personal del individuo y su orientación finalista.
A lo largo de la construcción de este discurso acerca del sentido vital se descubre una doble orientación del mismo. Una de ellas pone el acento en la indivisibilidad de la personalidad y su indivisibilidad con el colectivo que la realiza (psicología adleriana). La otra orientación del discurso centra su atención en aquél mismo individuo, pero pone el acento en la indivisibilidad de la conciencia individual con respecto a la conciencia colectiva reflejada en las tradiciones y valores de la cultura (psicología frankliana).
Esta doble vertiente del mismo discurso se realiza dentro de la misma tradición, lo cual explicaría que un autor adopte, consciente o inconscientemente, la terminología de otro que lo precedió en el discurso.
En el caso de la Psicología Individual clásica, el discurso se mantiene dentro de la esfera psicológica de explicación en la medida que interpreta al hombre a partir de sus experiencias iniciales con los demás. Esta sería la razón por la cual el discurso adleriano tiende a expresarse en términos más psico-sociológicos. Por el lado de la Logoterapia, la interpretación del hombre no se realiza a partir de la experiencias tempranas en las cuales se va construyendo el entramado del yo, sino en la reflexión filosófica que propone al individuo en relación con los valores que se presentan como imperativos externos a la propia subjetividad y a la de los demás. Este sería el motivo por el cual el discurso frankliano tiende a expresarse más en términos filosóficos, o para ser más precisos, en términos fenomenológico existenciales.
La horizontalidad del discurso adleriano y la verticalidad del discurso frankliano representan el mapeo en láser de la misma estructura, pero en direcciones que necesariamente mostrarán perspectivas diferentes de lo mismo. Por esta razón, estas dos psicologías no deben entender sus diferencias como una oposición mutua sino como la expresión de dos enfoques que al integrar sus análisis, reconstruyen de modo tridimensional el psiquismo humano sin descartar sus móviles inconscientes ni sus posibilidades de trascendencia.

2. LAS TRES ESCUELAS DE VIENA

Viktor Frankl solía presentar su teoría como un producto vienés, y esto no sólo porque era un psiquiatra nacido en Viena, sino porque las dos escuelas a las que alguna vez perteneció (el psicoanálisis y la psicología individual) nacieron en el mismo suelo. Frankl era consciente de su deuda intelectual con Sigmund Freud y Alfred Adler. Por eso empieza así ante un auditorio sudamericano:
"De un psiquiatra proveniente de Viena, obviamente se espera que comience mencionando o al menos diciendo algunas palabras sobre Sigmund Freud y Alfred Adler, los grandes clásicos, los maestros y pioneros, por no decir los padres fundadores de la psicoterapia. A mi edad - 87 años - ciertamente me cuento entre las escasas personas que tuvieron la gran suerte de conocer en forma personal a esos dos grandes genios y de haber contribuido durante algunos años a su trabajo científico." (FRANKL: "El hombre en busca de sentido". En "Artes y Letras". El Mercurio, Santiago de Chile, 02-06-91. Sección E-1)
El discurso de la Logoterapia se va tejiendo a partir de argumentaciones franklianas que se oponen al discurso tradicional de la psicología adleriana y sobre todo a los presupuestos freudianos:
"La oposición del análisis existencial (logoterapia) fue una ´o-posición´, es decir, la oposición del psicologismo de la psicoterapia, como se nos presenta, principalmente, en forma de psicoanálisis" (FRANKL, citado por FREIRE en su libro Acerca del hombre en Viktor Frankl Ed. Herder, Barcelona: 2001 p.34) 
No se trata de una oposición que descarta o que niega el otro discurso sino una oposición a las limitaciones encontradas en ellos. La retórica frankliana se desplaza  en forma de cuestionamientos a los presupuestos (de su propia tradición teórica) que cierran las puertas a la comprensión de lo específicamente humano. Frankl no puede evitar mostrar su descubrimiento sin ponerlo de relieve en las plataformas del psicoanálisis y de la psicología individual. Sin embargo el primero que usó la expresión "Tercera orientación vienesa de psicoterapia”  no fue Frankl sino Wolfgang Soucek en 1948. 

2.1) PSICOANALISIS, PSICOLOGIA INDIVIDUAL Y LOGOTERAPIA
a) El Psicoanálisis de Sigmund Freud.

El psicoanálisis clásico concibe al ser humano como un organismo bio-psíquico que interactúa con su entorno movilizado desde impulsos vitales. Sobre todo desde la tendencia al goce en su dirección localizada e intensiva que es la libido o impulso sexual. Para el psicoanálisis el hombre desarrolla todos los sistemas que se manifiestan posteriormente (estructura normativa superyoica y el yo consciente) para hacer posible la satisfacción del mandato de su biología hacia la distensión en el contacto placentero con el entorno.
La instancia psíquica primigenia en la que se resuelven y se preservan los mandatos de la biología es el ello. Allí se encuentran los deseos que el yo tiene, pero a ellos no tiene acceso directo por ser intolerables para su normatividad cultural introyectada. El yo es como un intermediario sin real autonomía, que hace viables las demandas del ello y del super yo. La finalidad del hombre sería, en el fondo, encontrar un equilibrio interior (homeostasis). La neurosis se originaría al no lograrse este equilibrio. Frankl simplifica su descripción de la teoría motivacional psicoanalítica entendiéndola como una "voluntad de placer".

b) La Psicología Individual de Alfred Adler.

La psicología individual clásica también concibe al ser humano como organismo bio-psíquico, pero poniendo el acento en la indivisibilidad del psiquismo. Ya no son tres "instancias psíquicas" sino un yo individual que interactúa con su entorno movilizado también, desde su tendencia  vital finalista. Sobre todo desde su tendencia finalista a la actividad.
Sin embargo Adler, al presuponer el psiquismo como indivisible, entiende que esta movilización finalista es una sola figura con las tendencias egocéntricas de supervivencia individual, el egoísmo y el deseo de poder (en su lado perjudicial o inútil) o hacia el sentimiento de comunidad (en su lado productivo o úti). Se trata de móviles de la conducta que se activaron, sobre todo, en el contacto con un entorno interaccional de semejantes, y que son psicológicamente más importantes que las movilizaciones de placer de Freud. La relevancia de estos movimientos del yo individual consiste en que las tendencias finalistas del yo como individuo son genéticamente anteriores al deseo de placer. La tendencia finalista a la actividad es anterior al impulso sexual, y al mismo tiempo, la tendencia a la conservación del individuo (seguridad) es más potente que la tendencia a conservar la especie (sexo).
Por otra parte, el núcleo de la indivisibilidad surge paralelamente al desarrollo del psiquismo egocéntrico o comunitario que es tal en tanto ha creado ficciones. Por ejemplo la ficción de poder disponer de su entorno a plenitud en función de un deseo primigenio de seguridad. Es desde el ámbito ficcional de un yo individual desde donde hay un espacio para la construcción de metas (finalidades) o decisiones  básicas que influirán de modo permanente en la vida consciente del individuo. El origen de la meta ficticia (inconsciente) no es posible sin relaciones comparativas y esquemas bipolares previos que dan la pauta primera para interpretar la realidad e interpretarse a uno mismo.
Adler reconoce que el yo indivisible aspira conscientemente a integrarse en el colectivo a partir de un "sentimiento de comunidad" y que en su aspiración a contactar con este sentido vinculante es cuando el individuo anula sus tendencias ficcionales inconscientes (lógica privada) que son interpretadas por el colectivo (la razón social) como anormales, y en su vínculo con esta razón, el individuo se realiza como tal. Encuentra el sentido de su vida.
La autonomía del yo queda reivindicada en la psicología individual en la medida que descubre una capacidad creadora de la persona que configura su propio estilo de vida, sin embargo, en su discurso clásico, se queda en la explicación psicológica de la conducta a partir de una retórica posible de ser interpretada como psicologista. Se queda en el influjo de la vida inconsciente, pulsional y ficcional que moviliza al individuo a afrontar el mundo externo sobreponiéndose sobre todo a su situación deficitaria desde la cual se interpretó (desde la primera pauta que adquirió desde sus vivencias infantiles) como inferior.
La patología empezaría cuando el individuo actúa en función de su sistema de referencia ficcional (pautas tempranas de supervivencia) convirtiéndolo en finalidad. Este individuo que vive ajeno a la finalidad social (racional) se encuentra supercompensando su sentimiento de inferioridad. La supercompensación se revela, por ejemplo, en el perfeccionista que no tiene permiso para errar y en el ególatra que no soporta la valía ni la seguridad de los demás. En el que se experimenta absolutamente responsable ante la norma (obsesivo compulsivo) y en quien pretende ser absolutamente libre de la norma (disocial).
El extremo de la disociación está en los que sufren la psicosis. Estos se están exonerando totalmente de la responsabilidad de sus actos, viviendo al pie de la letra los dictados de su lógica privada. La finalidad social es el referente hacia el cual tiende el hombre que se supera a sí mismo para formar parte del todo colectivo. Frankl simplifica su descripción de la teoría motivacional adleriana entendiéndola como una "voluntad de poder".

c) La Logoterapia de Viktor Frankl.

La logoterapia y el análisis existencial son dos elementos de una misma construcción. El primer término alude a un método psicoterapéutico y el segundo representa una visión antropológica.
Frankl concibe al individuo como una unidad y totalidad corporal - psíquica - espiritual en donde la dimensión espiritual (persona) representa el núcleo del sí mismo o núcleo del yo. Este núcleo personal tiene una característica: capta significados más allá de sí mismo y se interpreta a sí mismo como quien está, no solamente movilizado por su organismo (organón = instrumento) psico-físico, sino que está posibilitado, por un instrumento, de características muy distintas al instrumental psicofísico, para acceder al logos. La conciencia capta no sólo valores (en los que se encuentra inmersa su colectividad) sino que experimenta la atracción de estos valores en la medida en que la persona es capaz de reconocer el contenido particular del valor que lo moviliza desde afuera.
Esta movilización no se realiza ciegamente como un impulso inconsciente sino como un motivo fuera de sí mismo que configura su conducta. La conducta en Frankl reconoce la impulsividad desde la cual parte como organismo, pero esta movilización es un aspecto de la conducta que sólo se realiza personalmente cuando está motivada por un valor que sobrepasa al individuo.
La capacidad de la persona para captar valores en el mundo y responder (responsabilidad) libremente al llamado particular (sentido) de los valores (generales abstractos de sentido) es la dimensión espiritual donde se realiza la existencia (= permanecer fuera). Desde esta perspectiva el hombre es por definición un ser autotrascendente.
La dimensión psico-física tiene la característica de realizarse paralelamente, de tal forma que los fenómenos del soma pueden tener influjo en la psique y esta en el soma (paralelismo psico-físico). Sin embargo la dimensión espiritual libremente puede corresponder a los impulsos o también oponerse a ellos (antagonismo psico-noético). El ser humano es autotrascendente porque ya no aspira a satisfacer únicamente sus necesidades sino, sobre todo, aspira a encontrarle un sentido a su vida. Cuando no halla sentido queda frustrado existencialmente y se vuelca hacia sí mismo en busca de sensaciones semejantes al sentido que las encuentra mientras se empeña en la consecución de poder y placer. Frankl simplifica la descripción de su teoría motivacional bajo la denominación "voluntad de sentido".
Cierto, en el hombre hay una movilización inconsciente hacia la realización de la vida biológica en el placer. También hay una movilización inconsciente hacia la realización de la vida del yo en relación con los demás en el deseo de poder. La figura queda completada cuando reconocemos que la atracción no sólo viene desde dentro sino, sobre todo, desde fuera, en el ámbito del logos (sentido) que nos interroga y nos exige actuar en función de lo verdadero, lo justo, lo bueno y lo bello.
3. UN POCO DE HISTORIA

La logoterapia surgió como una necesidad de completar la figura cierta pero inconclusa de la psicoterapia. En esta necesidad de completar la figura, los discursos tradicionales acerca del hombre empiezan a subrayar sus posturas y mantener distancia ante lo nuevo. Fue precisamente lo que le ocurrió a Freud cuando dijo:
"La "psicología individual" de Adler es ahora una de las tantas corrientes psicológicas que se muestran hostiles al psicoanálisis y cuyo ulterior desarrollo no interesa ya a este" (FREUD, citado por TITZE en Fundamentos del teleoanálisis adleriano". Ed. Herder, Barcelona: 1983  p.14)
Esta es la respuesta de Freud, propia de su actitud demasiado segura y dogmática. La misma actitud que lo presentó convincente y que, a su vez, le trajo serios inconvenientes con lo mejor de sus simpatizantes y discípulos. Es Alfred Adler quien a su salida de la Asociación Psicoanalítica, en 1912, dijo:
"Nos tomamos la libertad de desembarazarnos del dogma y seguir nuestro propio camino. Quedan invitados a colaborar todos aquellos que son conscientes de la importancia de nuestro método de investigación: De nuestros lectores nos esperamos que no se dejen obnubilar por los prejuicios  que suelen acompañar a todo lo que representa una novedad" (ADLER, citado por TITZE: 1983 Op.cit. p.13)
Años más tarde, un joven estudiante de secundaria le escribe a Freud y éste le contesta. Así se establece una correspondencia regular que duró varios años. Era el joven Viktor Emil Frankl que empezaba ya a dar muestras de su interés por la psicología profunda. Frankl fue primero seguidor de Freud, aunque poco tiempo después de su desilusión teórica con el psicoanálisis, por el año 1924, quedó "más curioso y abierto" a las ideas del profesor Alfred Adler. Décadas después Frankl recuerda lo singular de las primeras clases de su maestro:
"El "club" de los psicólogos individuales (...), en el que fui introducido más tarde, tenía su sede (...) en el famoso Café Siller en que todas las noches Adler dictaba cátedra, en el verano, con una porción del famoso helado de chocolate que él, antes de comerlo, removía durante tanto tiempo que se deshacía completamente, y de vez en cuando se nos permitía  seguirle al local del club del primer piso donde podíamos escuchar  cómo tocaba el piano y cómo de vez en cuando incluso cantaba" (FRANKL, Logoterapia y Análisis Existencial. Ed. Herder, Barcelona: 1990 p.260).
¿Cómo se introduce Frankl en este "club" de psicólogos adlerianos? Fue Hugo Lukacs quien lo invitó como asistente a sus despachos de asesoramiento educativo. Posteriormente él lo presentó a Alfred Adler quien sin reparo aceptó publicar un artículo sobre psicoterapia en su "Internationale Zeitschrift fur Individualpsychologie" en 1925. Ya ingresado en el círculo adleriano, Frankl fue identificándose más con los presupuestos de la psicología individual y realiza el examen oficial en este enfoque con Erwin Wexberg. Sin embargo Frankl no estaba totalmente convencido:
"Ahora bien, he partido del hecho de que yo -ya en medio de mi fase de desarrollo dentro de la psicología individual- había "expresado mis dudas" respecto a la teoría de las neurosis de Adler, que apuntaban a la limitación de su validez. Esto fue en 1926." (FRANKL: 1990 Op. cit. p.261)
Frankl observó que la psicología individual estaba descuidando en su discurso lo que después llamará Humanissimun o la dimensión específicamente humana. El ser humano era en realidad un sistema abierto al mundo de los valores, que trascienden incluso el colectivo. El acto humano no se realiza sólo como expresión psicológica (Seele) sino, sobre todo, desde la persona espiritual (Geist). La percepción adleriana clásica aparece reduccionista desde la perspectiva frankliana si entendemos que lo psicológico para Frankl es el principio que moviliza al individuo desde dentro y que aún señalando una meta a futuro y un sentido más allá del individuo, se capta, más no con nitidez la dimensión de lo espiritual. Lo específicamente humano es estar siempre de cara a los valores y sentidos, más allá de sí mismo.
La insuficiencia del primer discurso adleriano no representó en Frankl un motivo para abandonar las tesis de esta teoría. Frankl era un adleriano con propuestas teóricas para la psicología individual. El quiso introducir una nueva perspectiva antropológica:
"En 1927 defendí, además, una ampliación del ideario de la psicología individual, y esto en un sentido referido a los principios o -permítaseme decir en seguida- en un sentido dimensional. Me parecía que hasta entonces la psicología individual no había resistido completamente a la tentación del psicologismo, a sea a una forma de reduccionismo y el reduccionismo en mi opinión, desemboca en el descuido de la estructura multidimensional de la existencia humana" (FRANKL: 1990  Op.cit. p.261)
Pero Adler no estuvo de acuerdo con estas pretenciones de su discípulo. Sin darse cuenta, Adler ya estaba demasiado seguro como, en su momento, lo estuvo Freud cuando descartó de plano las aportaciones adlerianas. La cautela de Adler impidió que la psicología individual no sea percibida como reduccionista y cerrada a la dimensión espiritual. Esta actitud adleriana no sólo incidió en la salida de Frankl de la Sociedad de Psicólogos Individuales sino también coincidió  con el alejamiento de importantes discípulos de Adler como Schwarz y Allers:
"Por desgracia, no "hicieron caso" a mi reivindicación de incluir las bases antropológicas de la psicología individual esta dimensión como dimensión sui generis, siendo plenamente consciente de los métodos. Es más, cuando Rudolf Allers (...) y Oswald Schwarz (...) en 1927 en el marco de unas charlas anunciaron su abandono de la Sociedad de Psicólogos Individuales y cuando yo, invitado por Adler expresis verbis, tomé la palabra como primer participante en la discusión, para exponer también mis reservas y para resaltar expresamente que no veía ningún motivo para abandonar (...) la Asociación, no tuve la gracia de convencer a Adler. Más bien, fue él quien tomó las medidas oportunas para sugerirme repetidas veces el abandono, y como no hice caso a esta insinuación, fui excluido" (FRANKL: 1990 Op. cit. p.263)
Frankl fue excluido, y con él también algunos de los mejores discípulos fueron tomando amigable distancia de su maestro. Es difícil entender el actual pensamiento de la psicología adleriana sin el aporte de algunos de los que tuvieron que irse. Es de considerar que sea Wolfgang Kretschmer quien diga lo siguiente en el prólogo del libro de Titze:
"Pero el propio Adler no logró mantener lo bastante despejado este horizonte, dada su excesiva cautela psicologista; y han sido algunos de sus ilustres discípulos, como Fritz Kunkel, Viktor Frankl y Rudolf Dreikurs, los que han colmado las lagunas adlerianas con el plano de lo personal o "existencial", que resulta imprescindible para comprender en todo su alcance los objetivos vitales y los conflictos del ser humano..." (KRETSCHMER, en TITZE: 1990 Op. cit. p.12)

4. LIMITACIONES DEL DISCURSO ADLERIANO

Hay psicologías que tienen suficiente solidez teórica como para ser consideradas importantes y que en la práctica son poco reconocidas no porque sean inconsistentes sino porque están atrapadas en su propio discurso. Creo que es el caso de la psicología humanística (PH) en la actualidad. El tema de los valores esenciales y la deshumanización, la inversión de los valores y el relativismo axiológico, la posibilidad del hombre de reinventarse, la autorrealización, la dimensión trascendente de la persona, todo esto es importante, incluso fundamental para una psicología que quiera ser entera. Pero el afán de reivindicar lo humano, lo específicamente humano y en oposición a tendencias básicamente reduccionistas (como lo son el psicoanálisis y el conductismo), la PH se torna de apariencia “light”. Su discurso es atractivo (no hablo por todos), pero al final no es muy seguida en la práctica o es percibida, equivocadamente, como filosofía de la psicología.
Quedar atrapado por el discurso aquí significa estirar nuestra propia propuesta, resaltar la primacía de nuestro aporte y quedarnos como opositores de otros que también quedaron atrapados en su propio descubrimiento. Hace algunos años me interesé por las opiniones de los psicoanalistas acerca de la crítica frankliana al psicoanálisis y me di con la sorpresa que las críticas de Frankl apuntaron, en algunos casos, a teorías que en la actual teoría freudiana ya hace tiempo que han pasado al desuso. El psicoanálisis ha seguido evolucionando pues reconoció pronto que no era una religión y que Freud no era todo el psicoanálisis.
A Freud se lo criticó por mucho tiempo de “pansexualista”  por su discurso acerca de la sexualidad y sus complejos y tantos otros asuntos teóricos que abordó. Sin embargo Frankl en su evaluación del psicoanálisis entendió que esa crítica no era acertada. El en cambio, criticó al psicoanálisis de “pandeterminista”…Y de seguro que Adler lo hizo críticas similares.
Hay una crítica recurrente a la psicología individual de haber sido poco clara en su discurso. Esto se debió, en buena cuenta a que la mayoría de sus obras “procedían de conferencias y compilaciones de series de conferencias” (HOBMAIR Y TREFFER. Psicología Individual: 1981  p.14.).
Los autores mencionados refieren que el término “supercompensación” fue utilizado por Adler para designar diferentes fenómenos psíquicos de tal forma que la moderna psicología adleriana  ve necesaria una readaptación de lo conceptual:
“El mismo Adler sólo escribía preferentemente de la “supercompensación”, pero utilizaba este término de modo confuso y poco unitario: originalmente lo utilizó para los casos en que la tendencia compensatoria llevaba a un resultado artístico, científico o socialmente valioso, aunque más tarde lo aplicó con más frecuencia a procesos patológicos.  Rudolf Kausen comprendió una clarificación de los términos que contribuyó en gran medida a la precisión de la terminología de la psicología individual: el término “compensación” se ha de reservar para los “procesos psíquicos normales de equilibración”…” (HOBMAIR  y TREFFER: 1981 Op. Cit. p. 36)
Adler tiende a usar variedad de términos para referirse a lo mismo. Por ejemplo, Titze refiriéndose al “estilo personal de vida”, término que Adler incluye en sus escritos por los años veinte:
“…Adler había empleado toda una serie de términos con idéntico significado. He aquí los términos:
1)Lógica privada; 2) inteligencia privada; 3) mundo privado; 4) cosmovisión privada; 5) inteligencia personal; 6) inteligencia aislada; 7) plano privado; 8) sistema de referencia privado; 9) prototipo; 10) no ver como los demás; 11) la necesidad de aprender a ver el mundo de otro modo; 12) plan de vida; 13) cosmoimagen neurótica” (TITZE: 1983. Op.cit. p. 128).
Esta variedad de términos para lo mismo da cuenta de cierta dificultad de parte de Adler para realizar una exposición clara de sus teorías. Es más, los Ansbacher que realizaron una cumplida recopilación sistemática de las ideas adlerianas, dicen:
“…Las publicaciones de Adler no forman un cuerpo de doctrina presentado de una manera sistemática y, por tanto, no son fáciles de encontrar y de leer (…), ha sido cada vez menos conocido, y otros que expresaron sus mismas ideas más lúcidamente o en época más reciente, son más citados que él.” (ANSBACHER y ANSBACHER. La Psicología Individual de Alfred Adler: 1958  p.7).
No es de extrañar que ante esta desventaja de Adler en la presentación de sus teorías éste sea más fácil de ser interpretado de modo equívoco por otros teóricos. Durante una mirada veloz al libro “El Sentido de la Vida” de Adler, encontré el siguiente texto:
“Nuestra Psicología Individual se coloca decididamente en el terreno de la evolución (…), y a la luz de ella considero todo anhelo humano como una tendencia hacia la perfección (…). Toda forma de expresión psíquica aparece, pues, e nuestro entendimiento, como un movimiento que conduce de una situación de minus a una situación de plus (…). En su incesante cotejo con la perfección, ideal inasequible, se halla el individuo constantemente poseído e impulsado por un sentimiento de inferioridad…” (ADLER. El Sentido de la Vida: 1970 pág. 43).
Incluso al definir al ser humano dice: “Hace mucho tiempo que puse de relieve que ser hombre equivale a “sentirse inferior”…” (ADLER: 1970. Op.cit. pág. 97).
Estos párrafos son significativos como un intento de resumen del discurso adleriano  que se presenta como un discurso acerca del sentimiento de inferioridad (y es obvio que Adler aportó mucho más). El que otros autores puedan interpretar esto como una limitación es una posibilidad. La moderna Psicología adleriana  no se quedó atrapada en su discurso inicial y fue abriéndose de tal manera que el Dr. Michael Titze dice:
“Parece justificada la suposición de que Adler absolutizó los procesos intrapsíquicos detectados en los neuróticos llegando a creer que toda persona está determinada por un determinado estilo de vida: el estilo personal; y prestó poca atención al hecho de que toda comunidad humana engendra su correspondiente esquema de opiniones, valores, normas, exigencias, etc. Es decir, un “estilo social de vida” que marca de forma decisiva la conciencia de la persona inserta en esta comunidad. De ahí que para el teleoanálisis no sea la prioridad el “estilo personal de vida” (inconsciente) el objeto primario de investigación sino la relación dialéctica entre el “estilo personal” y el “estilo social” de vida, entre lo inconsciente y lo consciente.” (TITZE: 1983. Op. cit. p.3).
Esta es la puerta más abierta para Frankl y su logoterapia y el territorio en la que la inicial crítica frankliana queda ahora como el encierro de Frankl en su propio discurso. En este sentido específico Frankl quedó anacrónico en su crítica a la psicología individual, y no porque no fue justificada su crítica, sino porque los adlerianos no se quedaron atrapados en su retórica acerca del sentimiento de inferioridad y la posibilidad de ser interpretados como psicologistas.

5. LA PERSPECTIVA MULTIDIMENSIONAL DE FRANKL

Frankl, en su ontología dimencional presupone el carácter tridimensional del ser humano. La dimensión espiritual está representada por un cilindro cuya parte superior está abierta. Este carácter "abierto" significa la capacidad específicamente humana de autotrascendencia del yo que proyectado desde diversos ángulos aparece parcelado en forma de yo en vínculo con su colectividad (=rectángulo) y, por otra parte, como un organismo biológico-instintivo (=círculo).
Con estas figuras tridimensionales Frankl representa también las teorizaciones de Freud y Adler como verdades inconclusas en tanto son representaciones parciales que no dan cuenta de toda la complejidad de la conducta humana. El rectángulo (=la psicología individual) y el círculo (=el psicoanálisis) no representan una contradicción a la luz del enfoque multidimensional del sí mismo personal. Por sí solos no dan cuenta del cilindro (=persona espiritual) al cual están referidos: 
Lo que la ontología dimensional implicaría es el desarrollo del ello hacia arriba y del yo hacia adelante. Lo que Frankl estaría viendo no es al yo ni al ello como figuras planas sin proporción ni especialidad, sino que les está atribuyendo la característica de aspectos evidentes en el hombre pero no lo que es el hombre. El hecho de que cada teoría observe y descubra lo que sus presupuestos plantean dan cuenta de lo que es posible encontrar en el humano, pero al ser los dos alcances ciertos y al mismo tiempo opuestos parecen ser más proyecciones parciales de lo que es la totalidad.
Tanto Freud como Adler habían sacado sus conclusiones acerca de la realidad humana a partir de los casos patológicos que están representados como aspectos parciales del cilindro. Si les damos volumen a estas dos figuras planas encontramos el sólido que Frankl representa en la figura tridimensional del cilindro (=persona), que sería una proyección del yo y del ello en tres dimensiones. Esto supondría la presencia de un tercer elemento. Se trataría de una facultad autónoma que trasciende el yo en tanto es libre para responsabilizarse con lo que no es él mismo.
Frankl decía que ese aspecto de libertad, esa capacidad de objetividad de la persona mediante la cual puede ver objetos del mundo tal y como son (y no sólo proyecciones de sus móviles inconscientes), como un sistema abierto al mundo (un mundo de sentidos y valores), eso no es accesible desde el punto de vista científico. No es accesible al instrumental científico porque este instrumental no está apto para ver ese tipo de realidades.
El psicologismo no puede ver la dimensión del sentido y de los valores en tanto no puede ver más allá de lo que sus pautas teóricas le permiten ver. Por eso es que los otros puntos de vista tendrán la "certeza" de ver motivos reprimidos o estrategias de supervivencia donde hay compromiso y fidelidad. Es que están incapacitadas para ver lo específicamente humano mientras no reconocen la complejidad del objeto al que se están aproximando. 
La dimensión personal (de la libertad y la responsabilidad) no puede ser proyectada. Cuando el cilindro se proyecta desde su aspecto superior hacia el plano inferior, sólo se podrá ver el aspecto cerrado del cilindro y no su apertura. Lo único que se percibe es la dimensión inferior cerrada de la biología y no se percibe algo de la dimensión superior abierta (=espiritualidad) que representa la apertura al mundo del sentido.
Visto el cilindro a la luz de las perspectivas inferiores y laterales sólo se podrán ver aspectos que dicen poco de la totalidad. Un rectángulo y un círculo jamás serán un cilindro. Esto, aplicado a la explicación frankliana, nos dice que con estas psicologías unilaterales sólo veremos el aspecto biológico o el aspecto del condicionamiento social del yo. Difícilmente se podrá ver la apertura del sí mismo personal. Pero eso no quiere decir que esa dimensión abierta no exista sino que desde el punto de vista científico no es demostrable.
Con esta analogía espacial, Frankl se quiere aproximar, no sin tendencia, pero lícitamente, a una interpretación más acabada de lo humano como tri-unidad noético-psico-física.

6. EL DISCURSO ACERCA DEL SENTIDO DE LA VIDA

6.1) El discurso finalista de la Psicología Individual.
La psicología individual se aproxima al tema del sentido de la vida a partir de la direccionalidad de las  tendencias y finalidades  del individuo que lo movilizan desde el inicio hacia la superación del sentimiento de minusvalía. La superación eficaz se realiza siempre en el colectivo.
En las etapas iniciales del desarrollo del bebé, éste aún no reúne las condiciones para interpretar su entorno como lo hacemos nosotros desde nuestra razón. El entorno del bebé es entorno vital y su tendencia al movimiento se limita a la actividad prepsíquica.
La tendencia a la actividad manifiesto ya en la vida amniótica del feto, estará no sólo dirigido a establecer contactos con el medio ambiente físico sino que se irá amoldando a los diversos tipos de contacto con la madre sentando las bases de lo que será su esquema tipificante agradable-desagradable, arriba-abajo, superior inferior. Estos esquemas bipolares sobre los cuales el infante construye su sentido de realidad se van configurando en sus primeras relaciones importantes con la cultura que se le manifiesta en forma de roles sociales y jerarquías. El primer sistema importante será, después de la relación madre-hijo, el sistema familiar.
Posteriormente el niño establecerá nuevos contactos y su cerebro estará en condiciones de establecer nuevas conexiones que reflejarán como expresiones psíquicas básicas. En entorno del niño ya no es vital sino ficcional y egocéntrico. Su inicial impulso biológico al movimiento, dirigido hacia el entorno de modo aún indiferenciado, se convierte ahora en una construcción particular en la que interviene de modo significativo la familia nuclear.
La introducción al mundo de “los grandes” se realiza no sin distorsión. El sentimiento de insuficiencia moviliza al niño a crear estrategias de supervivencia en forma de una decisión básica en torno a una meta (ficticia) de seguridad plena. Nos referimos a una meta que se construye sobre la base de una lógica protoverbal de tal forma que queda a nivel inconsciente. Por eso esta direccionalidad no tendrá asidero en la vida consciente del colectivo y será considerada anómala o perjudicial. Será la educación la encargada de introducir oficialmente al individuo en la racionalidad del consenso (lógica universal).
La secuencia de acontecimientos que van desde la vida intrauterina hasta la niñez no se da sin obstáculos. El entorno físico y social va enseñándole al nuevo miembro de la realidad que la vida tiene límites físicos y que para poder convivir necesitamos límites de consenso (normas). Los límites físicos (frío, golpes, excesiva luz, enfermedades, etc.) y sociales (pedir permiso, saludar a los mayores, tener horarios convenientes para comer y dormir, etc.) implican la presencia de un entorno que puede ser interpretado como hostil y complejo en la medida que el niño nació sin la protección que dan los instintos animales para reaccionar de modo específico a la estimulación su medio ambiente.
El niño debe esforzarse para sobrevivir en ese entorno. Este es el sello de la inferioridad. La necesidad de adaptarse a un entorno muy complejo hace que el niño construya un sistema de referencias (ficciones) que se convierten en su línea directriz de conducta. Los padres, otras figuras significativas y la escolaridad irán introyectando, según la etapa de desarrollo niño, los referentes racionales de las metas (conscientes) del colectivo. Sin embargo la línea directriz inconsciente será en adelante el motor de la conducta, aunque de esto el hombre adulto, viviendo en función de su razón social no se percate de ello. Para Adler la conducta no se puede interpretar con acierto sin considerar el móvil compensatorio del psiquismo:
“…la psicología individual es también psicología profunda que se ocupa de la dinámica inconsciente del psiquismo. La compensación se orienta por la meta final a que tiende la persona, y procede del sentimiento de inferioridad, siendo éste “la fuerza motriz, el punto del que parten y se desarrollan todos los esfuerzos por marcarse una meta,…” (Adler, 1926). De este modo, el sentimiento de inferioridad constituye el origen de cualquier acción y conducta.” (HOBMAIR Y TREFFER: 1981 Op. cit. p.34).
Desde esta perspectiva la finalidad consciente e inconsciente conforma una sola dirección a una misma meta de seguridad vital, seguridad que el colectivo entiende  como  “perfección”. El sentido de la vida en Adler trata de una  direccionalidad  desde la creación ficticia del individuo para sobrevivir (lógica privada), y al mismo tiempo, el acuerdo colectivo introyectado en esa misma direccionalidad (razón social).
Existe en el humano, sin duda, una tendencia a la vinculación en el marco de la razón social. El sentido de la vida sólo se puede encontrar reactivando el sentido vinculante con los demás. La participación y la cooperación, la búsqueda de soluciones a los problemas del colectivo, la aspiración a una realización personal con los demás, es parte de lo que Adler denominará  “Sentimiento Comunitario”.
Hacia el colectivo y los valores esenciales es donde señala el finalismo de la psicología adleriana. Este es el sentido horizontal de la transitividad en la cual el individuo se hace uno con el todo que lo envuelve y lo realiza como persona.

     6.2) El discurso existencial de la Psicología Frankliana.

La psicología frankliana adopta la terminología adleriana sobre la dirección permanente         de la persona en tanto es ser existencial. El hombre está siempre orientado a lo que no es él mismo. Y el sentido como llamado particular del valor es el contenido fundamental de su existencia.
 Valor y sentido:
El sentido implica la captación de un valor. El valor es valor del colectivo. El colectivo como conjunto de individuos capta el valor y ese valor que pertenece a la conciencia colectiva arrastra a la conciencia individual a actuar en conformidad con el colectivo. El sentido, por su origen, arranca al individuo y lo atrae el colectivo bajo forma de valores y principios que debe realizar. Es entonces, en la realización de ese llamado como el hombre puede realizarse. Ser hombre es ser un extrovertido existencial. Vertido hacia el colectivo, más no "masificado en el colectivo" sino despersonalizado en la norma del colectivo en pro del superorganismo que es la conciencia colectiva.
El sentido no es resultado de mi subjetividad en el sentido de que yo lo construyo sino que yo al interpretarlo voy reconociendo su naturaleza ajena a mi subjetividad como algo razonable en sí mismo en tanto es un contenido de valor previo y posterior a mi subjetividad. Desde esta perspectiva el sentido no es algo que yo me he inventado sino que mi conciencia, por su naturaleza axiológica, reconoce lo que es valioso en porque es valioso en sí mismo al margen de la actitud que ante ello pueda adoptar. En esto consiste la verticalidad de la postura frankliana.

La voluntad de sentido y el sentido de la vida:

El hombre es por definición un ser en busca de sentido. Esto quiere decir que no está centrado en sí mismo, en su placer o en su seguridad ni en su autorrealización sino en los valores y en lo que estos valores le reclaman a cada momento. Vive en una dimensión que lo atrae como un imán que ejerce poder sobre él. La dimensión del logos (sentidos y valores) a la que accede por su conciencia es su oxígeno para vivir humanamente y no sólo vivir. Para ello el hombre tiene una capacidad peculiar que es ser capaz de volcarse a lo que no es él mismo en la “autotrascendencia” (autós = uno mismo + trans-scende = atravesar subiendo). El hombre sólo puede hallar sentido a su vida en tanto se embarca hacia la realización de valores.
La logoterapia reconoce tres formas de realización del valor: valores creativos, valores vivenciales y valores actitudinales. Los valores creativos son los que se realizan en la actividad laboral. También cuando uno se entrega a una causa o a la lucha por un ideal. Los valores vivenciales se realizan en la experiencia de la presencia del otro, aunque no esté presente. En la entrega a una persona a la que hemos descubierto en lo más íntimo de su ser  sí misma y no nos queda más que amarla aunque ya no esté presente físicamente. Los valores de actitud son aquellos que podemos realizar cuando nuestra vida encuentra sus límites y la libertad humana tiene su prueba final en la en la responsabilidad de seguir viviendo aún cuando se pierde la posibilidad de realizar valores creativos o vivenciales. Al humano siempre le queda la última palabra y puede decidir qué actitud adoptar ante lo que no puede evitar, una enfermedad incurable o un pasado demasiado doloroso. Los valores actitudinales revelan como el hombre participa de una realidad misteriosa y aun sin comprenderla  totalmente, se deja comprender por ella y es así como realiza su máxima capacidad humana de convertir su tragedia en un triunfo personal.

La espiritualidad:

La espiritualidad es la dimensión de libertad y responsabilidad del individuo. La persona es espiritual. Por lo tanto la persona no enferma. Lo que enferma es el organismo psicofísico. La persona, siempre y cuando el organismo psicofísico se lo permita, puede tomar una actitud ante su propia enfermedad.
La dimensión espiritual o noológica no tiene la connotación de "espiritualidad religiosa" en donde la realidad psicológica se desbarata ante la realidad de la gracia divina. Frankl recurre al término "espiritual" para referirse a la dimensión en la cual el individuo responde libremente al llamado de los valores y del sentido. Aquí no está protagonizando el individuo (psicología) sino el valor (noología) que le exige al individuo una respuesta (responsabilidad).
Es una dimensión opuesta a la de organismo psicofísico. Frankl usa "Geist" para la dimensión espiritual y "Seele" (alma) como principio que moviliza al individuo. Lo psíquico para Frankl son las vivencias de impulso. Precisamente es esta temática desde donde parte Adler para acceder al tema del sentido. Como decía en la cita frankliana de su carta penúltima: Adler intuyó el sentido y lo aceptó. Adler elaboró una psicología abierta a lo espiritual. Frankl elaboró una psicología desde lo espiritual de tal forma que incluso en Frankl la psicología, entendida como "Seele" (en el sentido de "lo que moviliza" la conducta: lo pulsional, lo inconsciente y protoverbal) es casi nulo y es enorme en Adler. La posterior psicología adleriana empezó a darle más importancia a los valores y principios del colectivo estableciendo una dialéctica entre consciente e inconsciente, a mi entender una psicología completa en donde el tema del sentido existencial puede ser reconocido en el cuerpo adleriano junto con Allers.

La autocomprensión original:

No es necesario que la dimensión del sentido y los valores sea filosofada o entendida como un requisito de experimentados. Todos podemos acceder a esta dimensión espiritual y es precisamente esta  la dimensión que nos caracteriza como humanos. Todos, en tanto somos seres dotados de conciencia, nos encontramos a cada momento con el sentido de nuestra existencia.
A este respecto Frankl habla de una "autocomprensión ontológica prerreflexiva" que también llama "autocomprensión original". Del sentido no escapa el humano. No hay jerarquías intelectuales, ni de edades, ni estratos socioeconómicos. Ejemplos un tanto extremos: Un niño como Domingo Sabio puede haber colmado de sentido su existencia a los 14 años. Mi abuela, ella que no sabía ni leer, congregaba a su comunidad para rezar el rosario a sabiendas que el cáncer la estaba terminando. Una jovencita de 13 años con metástasis me dice que le da pena morirse y que le hubiera gustado tener novio pero que estaba confiada en que Dios la amará mucho más que un novio. Una madre decide no operarse de su enfermedad mortal para así no poner en riesgo su embarazo. El hombre sencillo reconoce a veces mejor la voluntad de sentido. Frankl cita con frecuencia una entrevista televisada hecha een 1981 por Franz Kreuzer a Konrad Lorenz  quien le dice:
“Si compara usted la validez de la cosmovisión de la mujer de un granjero de los Alpes con lavalidez de la visión de mundo de B. F. Skinner, descubrirá que la mujer del granjero,, la cual cree en la inmaculada concepción de la virgen María, en el buen Dios y en todos los santos, está más cerca de la verdad que el behaviorista.” (LORENZ, citado por FRANKL: 1990 Op. cit. p.293)
La logoterapia "pone nombre difícil" a la sabiduría del corazón. Es la intuición, eso que capta un hombre promedio que no habla en dificil pero que entiende su vida como una tarea y que a cada instante, sin filosofarlo, capta valores que puede realizar y que efectivamente dotan su vida de sentido. 

El vacío existencial:

Desde la perspectiva Frankliana el vacío de sentido es el resultado de una autocomprensión inauténtica en la medida en que se comprende objeto (o como biología que busca la autosatisfacción o como producto  de una supersumatoria de aprendizajes normativos). La persona se percibe como una casualidad, un producto del azar y así también percibe los objetos del mundo. Entonces se angustia porque se (= yo) siente ajeno a la biología que es y a la normatividad de la cultura en él.  Ha perdido de vista los referentes que lo hacen ser lo que está llamado a ser desde fuera de sí mismo. Estos referentes son los valores que están como telón de fondo en toda vida consciente.
Al percibir lo que era un  motivo para vivir, ahora es un "nada más que" y experimenta un "vacío existencial". Esto significa una experiencia de inestabilidad de su existencia en la que experimenta como náusea o mareo psicológico al no contactar con lo que en realidad es un "lugar vacío". El "yo" en realidad es una construcción intelectual" un recurso del lenguaje. Lo que existe en realidad es el sí mismo que es tal en tanto es "lugar" de intersección de dos mundos: el mundo material y el mundo espiritual. Lo psicológico es lo ficticio que en consenso (=colectividad) tiene sentido. Pero la colectividad es conjunto de individuos en un mundo de valores. Hasta aquí llegó Adler.
Los individuos conforman unidad indivisible con el mundo espiritual de los valores. Los valores reclaman al individuo y lo interrogan (=sentidos esperando ser realizados) de tal manera que no hay posibilidad en ningún individuo de que su vida no tenga sentido. El sentido es inherente a la existencia. Hasta aquí llegó Frankl.
La experiencia del sinsentido no es necesariamente patológica porque puede también movilizar a la persona a embarcarse en la búsqueda del sentido. El individuo intuye dentro de lo más íntimo de su ser persona, su conciencia (que es un receptor de sentido), que la vida tiene un propósito. La conciencia es intersubjetiva y además interlocutora con su entorno simbólico (=cultura) que la antecede (=tradiciones), con lo que la acoge (=los valores del colectivo en el que le tocó vivir) y lo que permanece después de ella (=los que la recordarán y los que no, los aportes que dejó. Los actos y actitudes valiosas que realizó y que nadie reconocerá pero que ella realizó y que de eso fue testigo).
Es necesario resaltar también la tradición como reservorio de valores. Es la importancia de la dimensión transgeneracional de la conciencia. En ella se pueden reconocer los valores que permanecen en el tiempo y los distintos significados del mismo valor para cada época y los sentidos particulares de aquellos valores que dotaron de diversos sentidos a las generaciones pasadas.
Sin embargo la autocomprensión promovida por una atmósfera desvalorizadora, acentúa la sugestión de una vida sin sentido. La conciencia como núcleo receptor de valor, al pretenderse como producto de su biología instintiva (mira que eres producto de tu biología) o de su entorno (mira que eres producto de tus aprendizajes y que todo es relativo), recurre a móviles organísmicos que son sólo valiosos mientras ella los reconoce como tales (poder desde su egoísmo y placer desde su vitalidad). Al centrar su atención en estos aspectos de su sí mismo personal experimenta sensaciones de sentido.
El sentido es valioso en sí mismo y es propio de lo que está detrás de las interacciones humanas (lo comunitario). El valor y el sentido (Logos) están soportando todos los actos humanos en forma de principios anteriores y posteriores a la persona y al colectivo que los capta.
Cuando el hombre no halla sentido a su vida, se desvía de su voluntad de sentido hacia una voluntad de poder o placer. Es cuando ingresa en el círculo vicioso que caracteriza al hombre neurótico obsesionado por su seguridad (sensual o ficcional) para acallar su inseguridad fundamental ante la sugestión de "no ser" ni tener ninguna referencia para ser menos o más, ni razón para alegrarse o asustarse. Lo que es vivir insípidamente y sin ninguna esperanza.

7. REFLEXIONES FINALES

En un principio Adler da un discurso que se podía interpretar de psicologista desde la postura frankliana. Sin embargo la psicología adleriana ha tenido varias fases teóricas en las cuales la explicación de la conducta no proviene exclusivamente de un esfuerzo del individuo para dirigirse a su colectividad y movilizado a nivel inconsciente para obtener seguridad y perfección. La psicología individual en su forma actual no deja espacios para ser interpretada de psicologista pues al presentar la idea de indivisibilidad reconoce las tendencias ("voluntad para...".) y las metas inconscientes pero en diálogo con finalidades conscientes y cooperativas. Es una psicología completa porque no es ciega a los valores del colectivo. La psicología individual contempla la espiritualidad, está abierta a ella, la reconoce y la toca a través de la colectividad.
Con respecto al sentido de la vida, la psicología adleriana enfoca el tema en relación al sentimiento comunitario y para ello parte de situaciones entre individuos. Se refiere a experiencias significativas del niño con su entorno ante el cual adopta una postura y va construyendo las condiciones (inicialmente ficcionales) para poder actuar con otros, primero desde los imperativos de su biología y después en distinto tipo de roles sociales (familia, pareja, colegas y amistades).
A diferencia de Frankl, la psicología adleriana aborda el tema desde experiencias particulares a partir de estímulos medioambientales significativos (culturales) que movilizan al niño ya desde muy temprano a crear y recrear estrategias de adaptación ante un medio físico y simbólico que es identificado, en buena cuenta, como hostil. Ya no le ocurre como al animal que no encuentra tanta dificultad porque ya está preadaptado biológicamente a su entorno.
El hombre nace en una situación deficitaria respecto a su medio ambiente y requiere de otros para sobrevivir. Los otros (sociedad) no son solamente sociales sino también creadores de ficciones de consenso (cultura). Esto hace que la hostilidad del medio ambiente sea aun más compleja en la medida en que hay que ponerse de acuerdo y eso requiere convencer y persuadir a otros de la eficacia de nuestras creencias y hábitos de vida. En estas condiciones el niño requiere una cuota de valor, de ímpetu y de sentido vinculante si desea afrontar la complejidad del mundo humano con éxito. Si no se adapta, buscará otras formas de adaptación a ese entorno cultural. Algunas formas de "adaptarse" al medio es sobrecompensando su sentimiento de inferioridad o de vulnerabilidad.
El esfuerzo del niño para adaptarse indica que no se trata de una simple adaptación al entorno tal como la entendemos en el ámbito estrictamente biológico. Se trata de una compensación permanente en la cual el niño opera, sobre todo, con la cooperación implícita de sus semejantes (los padres y las figuras significativas). La capacidad creativa del niño surge ya como un mecanismo genético que lo capacita para vivir en el ámbito de la ficción (cultura) ante la urgencia de adaptarse al entorno físico y simbólico que no siempre es cómodo y hospitalario. De otro modo no desarrollaría la capacidad creativa porque no la necesitaría.
Lo que interpreto de las ideas adlerianas acerca del sentimiento de inferioridad, me da argumentos para pensar que la posible oposición entre la psicología individual y la logoterapia puede tener más un componente de apariencia que de realidad. Esta pretensión se sustenta en el hecho de que la orientación adleriana, al hablar del sentido de la vida, lo hace desde una psique individual en relación a su entorno (familiar, marital, laboral, amical, cósmico y religioso). Esta temática transitiva de la persona, vista desde la psicología frankliana, es estrictamente psicológica. Su orientación hacia el sentido, que incluye el sentimiento comunitario, el afán de superación o la búsqueda de perfección, no deja de tener el mismo hilo conductor: un psiquismo que desde su insatisfacción fundamental se trasciende en función a una meta de seguridad.
Frankl, como filósofo, reconoce que no se trata sólo de una postura del individuo ante su comunidad, a partir de una experiencia antigua con otros y que posteriormente, paralela al acto consciente, funciona como línea directriz para enfrentar las situaciones de la vida o para entender la realidad. Por encima de ello, el hombre capta valores y sentidos que lo motivan a actuar de modo particular con los demás y consigo mismo a cada instante (voluntad de sentido).
La psico-espiritualidad de Frankl no se conduce en el mismo carril de explicación psicológica de Adler. Lo específicamente humano, la dimensión espiritual, trasciende al individuo y sus modos de vida comunitaria y las condiciones de la meta directriz inconsciente. Frankl conduce su explicación desde una reflexión ética. No está intersecando al individuo con su colectividad sino la conciencia del individuo con los imperativos de su cultura, imperativos que el sujeto reconoce como particulares y que lo motivan a interactuar (libre y responsablemente) por encima de sus propios intereses o de sus propios conflictos psicológicos cuando éstos no han afectado, por impedimento del soma, su capacidad de juicio.
La espiritualidad es tratada por los dos teóricos, sin duda. Adler habla de libertad y de responsabilidad pero desde el individuo hacia la colectividad (psicológico). Frankl habla de libertad y responsabilidad que el colectivo le exige al individuo por medio de sus valores que lo llaman de modo particular (sentido existencial). El error de cada uno radicaría en que están limitando sus posibilidades de interpretar la "conducta" incluida la "conducta religiosa". Adler desconoce, en todo caso no incluye en su teoría, el llamado del valor como exigencia particular: la voluntad de sentido. Frankl desconoce, o en todo caso no contempla, la movilización psicológica que se dirige hacia el colectivo y sus valores en un proceso de adaptación permanente: la superación de una minusvalía y la finalidad inconsciente que influye a cada momento en la vida de la conciencia.
Creo que los dos modos de acceder al tema de la espiritualidad son de mucha importancia y es necesario reconocer donde está el vacío teórico por cada lado para procurar el complemento. Pienso que la actual psicología adleriana, en el tema de la motivación causa-final y del sentido de la vida, tiene mayor parentesco con la logoterapia que en su versión clásica. Para ello creo que el pensamiento de Rudolf Allers, de cuyo legado intelectual se nutre Viktor Frankl, puede aportar eficazmente en el encuentro de dos discursos que en su integración dan cuenta de una imagen más entera de la persona y de la complejidad de su conducta

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